miércoles, 19 de octubre de 2011

••• The end, the beginning and then, nothing

Publicado por Proximaati en 4:39
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No sé bien como empezar a contar... nunca sé bien cómo empezar, siempre hago todo al revés, del final al comienzo y del comienzo a la nada, de lo complicado a lo sencillo y de lo  sencillo a la nada. Recuerdo que me confesaste aquello en un café medio vacío de una gran avenida. Yo jugaba con el azúcar, como siempre juego con lo más cercano que tengo a mis manos cuando estoy nerviosa y a cada palabra que pronunciabas yo rasgaba un poquito más el papel, y un poquito más, y un poquitito más... Me era imposible mirarte, eso sólo me traería más realidad, apestosa realidad que me alejaría de mis sueños. Para cuando el montoncito de diminutos papeles se transformó en una montañita tú me quitaste el azúcar y me pediste que te mirara. Lo hice, y como aun quedaban esperanzas en mí, como aun estaban degradándose las ilusiones técnicamente, aun estaban ahí... y te forcé una sonrisa, y te dije que todo estaba bien, y que todo seguiría como ahora. Que tus palabras no me lastimaron. ¿Y sabes qué? Sí que lo hicieron. Una vez que se esfumó de mí el último rastro de ilusión, sentí el dolor... tan rápido en llegar como lo que habrá tardado el camarero en tirar todos aquellos trocitos de papel que yo dejé ahí encima tras toda una tarde. Es así: llega la realidad y te aplasta. Y lloré, sí, lloré. No porque perdía lo que tenía (aunque de eso me di cuenta más tarde) sino por lo que no llegué a tener. Nos empezamos de golpe y nos dejamos olvidados todas pequeñas cosas que hacen que las cosas sean grandiosas. Y eso es lo que yo quería... las pequeñas cosas. Pero estaba tan ansiosa por encontrarlas y compartirlas con alguien que quise acortar camino. Y metiéndome por lo que yo creía que era un atajo terminé perdida sin llegar a mi destino. 
A veces hay que ir poco a poco. A veces, el ir más lento es la única manera de llegar a lo que queremos, y por lo tanto, es la manera más rápida.

miércoles, 19 de octubre de 2011

••• The end, the beginning and then, nothing

No sé bien como empezar a contar... nunca sé bien cómo empezar, siempre hago todo al revés, del final al comienzo y del comienzo a la nada, de lo complicado a lo sencillo y de lo  sencillo a la nada. Recuerdo que me confesaste aquello en un café medio vacío de una gran avenida. Yo jugaba con el azúcar, como siempre juego con lo más cercano que tengo a mis manos cuando estoy nerviosa y a cada palabra que pronunciabas yo rasgaba un poquito más el papel, y un poquito más, y un poquitito más... Me era imposible mirarte, eso sólo me traería más realidad, apestosa realidad que me alejaría de mis sueños. Para cuando el montoncito de diminutos papeles se transformó en una montañita tú me quitaste el azúcar y me pediste que te mirara. Lo hice, y como aun quedaban esperanzas en mí, como aun estaban degradándose las ilusiones técnicamente, aun estaban ahí... y te forcé una sonrisa, y te dije que todo estaba bien, y que todo seguiría como ahora. Que tus palabras no me lastimaron. ¿Y sabes qué? Sí que lo hicieron. Una vez que se esfumó de mí el último rastro de ilusión, sentí el dolor... tan rápido en llegar como lo que habrá tardado el camarero en tirar todos aquellos trocitos de papel que yo dejé ahí encima tras toda una tarde. Es así: llega la realidad y te aplasta. Y lloré, sí, lloré. No porque perdía lo que tenía (aunque de eso me di cuenta más tarde) sino por lo que no llegué a tener. Nos empezamos de golpe y nos dejamos olvidados todas pequeñas cosas que hacen que las cosas sean grandiosas. Y eso es lo que yo quería... las pequeñas cosas. Pero estaba tan ansiosa por encontrarlas y compartirlas con alguien que quise acortar camino. Y metiéndome por lo que yo creía que era un atajo terminé perdida sin llegar a mi destino. 
A veces hay que ir poco a poco. A veces, el ir más lento es la única manera de llegar a lo que queremos, y por lo tanto, es la manera más rápida.
 

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